8 d’ag. 2020

una vida de leyenda



Romain Gary, judío nacido en Vilna, Lituania, en 1914, hablaba seis lenguas con fluidez. Se convirtió en un maestro de múltiples personajes literarios, un héroe condecorado de la resistencia francesa y, supuestamente, dos veces ganador del Prix Goncourt (lo cual es técnicamente imposible de acuerdo con la rúbrica del premio).

Mientras tanto, se forjó una más que respetable carrera en el servicio diplomático francés, eventualmente convirtiéndose en el cónsul general en Los Ángeles (en esencia, el embajador francés en Hollywood), donde abandonó a su esposa inglesa, la escritora Lesley Blanch, por Jean Seberg, la reina de la nouvelle vague.

Incluso retó a Clint Eastwood a un duelo.

Gary murió, una tarde de diciembre de 1980, de un disparo que él mismo se propinó.

En las fotografías, a Gary se le ve con una pluma estilográfica en una mano y un tabaco llameante aguantado entre los dedos (cargados de anillos) en la otra.

O se le ve en casa, relajado sobre un sofá cubierto de pieles de animal, vestido con pantalones de cuero, un blazer de doble botonadura y gafas redondas al estilo John Lennon.

A sus 50 años fue incluso el centro de una foto reportaje de la revista Sports Illustrated, donde aparecía haciendo su rutina diaria de ejercicios.

Muchos se preguntan por qué Gary no es más conocido en el mundo anglófono.

No es que su obra no haya sido suficientemente traducida. De hecho, mientras vivió en Los Ángeles, escribió en inglés, revelándose contra las críticas solapadamente antisemitas que lo tachaban de usar el francés incorrectamente.

Tampoco es el caso de que su literatura no le valiera hazañas más allá de las páginas: Jean Paul Sartre y Charles de Gaulle fueron algunos de sus fanáticos.

Fue tan popular como prolífico, lo cual demuestra en sus más de 30 volúmenes de ensayos que ganaron premios, sus obras de teatro, sus memorias y sus obras de ficción, que incluyen "La vida por delante" (La Vie devant soi, su título original en francés), una de las novelas francesas más vendidas del siglo XX.

Pero su fama se desvaneció con la edad y más tarde se atenuó con las revelaciones póstumas de que había embaucado a los literatos parisinos, publicando algunas de sus más aclamadas obras (incluida La Vie devant soi) bajo un nombre falso.

Pero al inicio del siglo XXI su reputación ha mostrado signos de un vigor renovado. Algunas casas editoriales están mostrando interés en volver sobre su obra. Primero fue el objeto en una obra del conocidísimo biógrafo David Bellos, luego se tradujo una de sus novelas, Pseudo.

Ahora su última novela, "Las cometas" (Les Cerfs-volants) ha sido declarada como un clásico moderno por la editorial Penguin. Elogiada como una de las mejores novelas del siglo XX en literatura francesa de ficción, Gary escribió "Las cometas" poco antes de suicidarse. En la novela cuenta la historia de dos jóvenes amantes (uno de ellos huérfano, criado por su tío, un gentil fabricante de cometas; la otra, una aristócrata polaca) separados por el caos y la matanza durante la Segunda Guerra Mundial. Épica y empática, en ella abundan aquellos temas y preocupaciones propios de la obra de Gary, como el idealismo, la pérdida de la inocencia y las maneras en que las decisiones poco heroicas aún pueden ser decisiones morales.

Como si todos los méritos en sus novelas fueran poco, nada se compara con su autobiografía "Promesa al amanecer" (La Promesse de l'aube). A través de la crónica de su vida cuando era joven, describe cómo fue criado por Nina, una devota madre soltera y ex actriz. Aunque vestía a su príncipe de seda y terciopelo, Nina tenía que inventar maneras cada vez más extrañas para mantener un techo sobre sus cabezas: diseñaba sombreros parisinos falsos y trajes de baile, vendía joyas como si fuera un ruso blanco en la Rivera, abrió un hostal para perros, gatos y aves… en el apartamento que compartía con su hijo.

Más que todo, es una extraordinaria historia de amor, que describe la abrumadora devoción de una madre por su hijo único. Según escribe Gary: "Ella me hablaba de Francia como otras madres les hablan a sus hijos de "Blancanieves" o "El gato con botas". Una verdadera "madre-manager", Nina estaba convencida de que su Romouchka (un apodo que usaba para referirse a Gary) tenía un gran talento para la literatura. "Mi madre siempre me vio como una combinación entre Lord Byron, Garibaldi, D'Annunzio, D'Artagnan, Robin Hood y Ricardo Corazón de León", recuerda Gary.

La guerra interrumpió los planes de Nina para el futuro artístico de su hijo, aunque estaba convencida de que incluso en este escuálido anfiteatro, él triunfaría. A pesar de no pasar los requerimientos para ser piloto (por razones estrictamente ligadas al hecho de que era judío) voló con la Fuerza Aérea Real durante la Segunda Guerra Mundial y le fueron otorgadas la Cruz de Guerra (Croix de Guerre) y la Legión de Honor (Légion d'honneur), convirtiéndose en uno de los pocos Compañeros de la Liberación (Compagnons de la Libération).

A pesar del peligro, la inquebrantable fe de Nina en su hijo funcionó como un conjuro. "Nada me podía suceder, porque yo era su final feliz", recuerda Gary. Su tragedia consistió en que, además de verlo ganar en una competencia de ping-pong, no vivió lo suficiente para disfrutar el éxito de su hijo. Su madre murió mientras él estaba peleando en el extranjero, pero dejó tras de sí una caja fuerte con casi 250 cartas que iban a ser enviadas a su hijo en intervalos. "Durante tres años y medio, su aliento me dio vida y me sostuve por una voluntad más fuerte que la mía misma", cuenta.

Es una historia tan potente que parece mítica, así que no debería sorprender que grandes trozos de su obra "Promesa al amanecer" fueran ciertamente inventados. Para comenzar, el nombre de Nina era Mina. Y las 250 cartas nunca existieron. En 2004, una biografía escrita por Myriam Anissimov, quien también resulta ser una de las amantes de Gary, ofreció algunos detalles de la vida de este fabulador. Su nombre de nacimiento es Roman Kacew, y aunque aseguraba tener una herencia sanguínea tártara y cosaca, en realidad sus padres fueron judíos rusos —Mina y Lebja Kacew— y no el actor Ivan Mosjoukine, como él asegura en sus memorias.

En 1935 cambió su primer nombre a Romain, y siete años después cambió su apellido a Gary. Además de Kacew y Gary, el escritor publicó bajo los nombres de Fosco Sinibaldi y Shatan Bogat. Luego, en 1973, después de ganar el premio Goncourt de literatura, después de dos divorcios y 22 libros publicados, inventó su alter-ego más conocido: Émile Ajar.
Aunque había sospechas de que Gary y Ajar fueran la misma persona, los jueces del Goncourt en 1975 no le prestaron atención a esto, aunque el premio estipula que un mismo autor solo puede ganar una vez.

Sobre el concepto de la mentira, Gary dice en una de sus novelas: "No miento a menudo, porque para mí la mentira tiene un enfermizo sabor a impotencia: me sitúa demasiado lejos de la meta".

Antes de suicidarse, Gary dejó instrucciones para la publicación de su novela "La vida y muerte de Emile Ajar" (Vie et mort d'Émile Ajar). Las líneas que cierran la novela son interesantes, en tanto le sirven de epitafio a un compulsivo narrador de historias que no se pudo resistir a la tentación de contar su propio fin:

"La pasé muy bien. Adiós y gracias".




Cap comentari:

Publica un comentari a l'entrada